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Sociedad de Psiquiatría de la Infancia propuso un “trabajo intersectorial” para afrontar la violencia escolar

No vamos a superar esta crisis sólo con programas temporales”, dijo el director Pablo Espoz, aludiendo a la inversión en infraestructura y salud mental anunciada por el Mineduc. El profesional planteó que se debe trabajar con la comunidad en su totalidad y realizar intervenciones en los agresores, víctimas y espectadores del bullying.

Esta noticia fue originalmente publicada en el portal de radio Cooperativa.

La Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia (Sopnia) destacó como “positiva” la inversión anunciada hace unas semanas por el Ministerio de Educación para solucionar los problemas de infraestructura y promover un programa que aborde la salud mental de los estudiantes, pero planteó que no es suficiente pues el fenómeno de violencia que se ha visto en el retorno a las clases presenciales requiere también intervenciones directas en los alumnos, tanto agresores, víctimas y espectadores.

El psiquiatra infantojuvenil Pablo Espoz, director de la sociedad científica, diagnosticó que “el prolongado cierre de escuelas no sólo produjo un rezago en los aprendizajes formales de matemática, lenguaje o artes, sino que también en todos los otros aprendizajes que proporcionan los establecimientos educacionales como son la convivencia, aprender a trabajar con personas ‘diferentes’, el manejo de las emociones, entre otros”.

“Esto se suma a los problemas que debieron enfrentar las familias en estos años: económicos, de estrés por estar encerrados todos juntos, y miles de familias, además, enfrentaron la pérdida de un ser querido y no han hecho un debido trabajo de duelo. Todo esto es un coctel perfecto para lo que estamos viendo hoy”, complementó.

En este marco, consideró que el plan de inversión del Mineduc “es insuficiente”, ya que “no vamos a superar esta crisis sólo con programas temporales, sino que -sostuvo- debemos impulsar un trabajo intersectorial que incluya abarcar las necesidades de acceso a atención psiquiátricas; un trabajo con las escuelas, con los padres y con los profesores; necesitamos detectar a quienes requieren atención y, a la vez, trabajar en prevención y detección temprana”.

Dado aquello, expuso que “el primer trabajo que deberían realizar las escuelas en cuanto a la prevención es acercarse con sus distintos programas de convivencia escolar a los estudiantes: con esto, van a poder identificar a aquellos niñas, niños o adolescentes que requieren atención de salud mental porque pueden estar presentando cuadros de ansiedad, depresión, entre otros, y que necesitan ser derivados a un centro de salud para recibir un tratamiento adecuado”.

El segundo paso de este acercamiento debiera ser para prevenir los hechos de violencia y trabajar la convivencia. “Hoy existen diversos programas, que los colegios pueden implementar, que apuntan a la prevención de la violencia y eso no es sólo decir cuáles son las normas de convivencia, sino trabajar para la detección precoz de quiénes pueden ser potenciales agresores, potenciales víctimas y quiénes serán observadores. Con todos ellos hay que trabajar para prevenir”.

IDENTIFICAR PERFILES DEL BULLYING
En este contexto, apuntó al bullying, que “es un evento altamente frecuente en la población escolar que involucra a la comunidad escolar en su totalidad”, ante lo cual “las intervenciones deben ser en diferentes estratos e implementadas en y por la comunidad escolar”. En este sentido, conocer a los estudiantes se vuelve fundamental, puesto que “las causas del bullying son multifactoriales y es por esto que el trabajo debe ser acorde a cada estudiante”.

Así, hacer un perfil de los estudiantes es vital para saber dónde y cómo intervenir, ya que los estudiantes que agreden a otros son, por lo general, niños, niñas o adolescentes que son descritos como más fuertes físicamente, impulsivos, tienen poca tolerancia a la frustración, son oposicionistas y buscan la recepción del público o la validación de otros. “Con ellos hay que trabajar estos aspectos, enseñarles a ser amables, a manejar la frustración, sus impulsos y sus necesidades de validación, encaminándolos hacia refuerzos que sean positivos”, caracterizó Espoz.

Por contraparte, el perfil de las víctimas de acoso escolar, por lo general, son estudiantes que son inseguros, sensibles, y muchas veces poco asertivos; pueden ser niños o niñas que están más aislados del grupo y pueden ser más ansiosos, inseguros o provocativos en una modalidad agresor-víctima. Son vistos como “diferentes” por el grupo y eso los vuelve un objetivo del bullying. “Con estos estudiantes se debe trabajar su seguridad, pero también en cómo logramos hacerlos parte del grupo. No se trata de no respetar aquellas cualidades que los hacen diferentes y volverlos un estudiante estándar, sino trabajar aquellos aspectos que podrían ser protectores y evitar volverse el objetivo de los agresores”, sostuvo.

También es vital trabajar con los denominados “espectadores”, aquellos estudiantes que observan las agresiones sin intervenir, pero que frecuentemente se suman al proceso y lo amplifican, detalló el psiquiatra infantojuvenil: “Esto se explica por el fenómeno del contagio social que fomenta la participación en los actos de intimidación, o también por el miedo a sufrir las mismas consecuencias si se ofrece apoyo a la víctima. Algunas estadísticas dicen que cerca del 30% intenta ayudar a la víctima y un 70% se queda inactivo”.

“Este trabajo debe ser con toda la comunidad escolar. Con los estudiantes, profesores, paradocentes, padres y apoderados. Todos deben conocer y aplicar los protocolos establecidos, pero también deben ser parte de los programas de prevención. No podemos repetir la violencia entre los estudiantes, pero tampoco situaciones como apoderados buscando defender a sus hijos con palos, o profesores que deciden no tomar acción. La violencia es un problema social, pero que se vive en las escuelas y hoy ese debiera ser un espacio protegido”, concluyó el profesional.

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