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El último grito de los jóvenes

Domingo 23 de abril de 2006, Mercurio de Valparaíso

"... Hola ...sólo quería decir que estoy totalmente deprimida ... estoy muy mal. Estoy harta de lo que debo vivir día tras día, y lo que es peor, no tengo nada ni a nadie. No tengo amigos, nunca nadie me ayuda. ¿Alguien me puede escuchar?...".

Ésta es parte de una carta que escribió el 3 de abril de este año, una joven que en internet se hace llamar "Mili". Su contenido es más extenso y fuerte. La pena que siente en tan grande que termina diciendo: "como no veo ninguna solución, he pensado en suicidarme". Palabras que retumban fuerte en el corazón de todos y que dan cuenta de la peligrosa ventana que se abre a través de internet para quienes no se sienten acogidos entre sus cercanos.

CIFRAS ESTREMECEDORAS

Como "Mili", hay muchos casos de jóvenes que no ven más que oscuridad en sus vidas. Es lo que ocurrió el martes recién pasado, cuando un niño de 14 años se ahorcó en su pieza en Playa Ancha, dejando a una familia en la amargura y en el más absoluto desconcierto.

El tema es duro. Según estadísticas del Ministerio de Salud, en el año 2003 en nuestro país se autoeliminaron 30 jóvenes. Y se estima que por cada suicidio concretado, hay entre 20 y 50 intentos fallidos, una estremecedora cifra negra que habla del alto grado de desesperanza de quienes recién comienzan a vivir. Pero lo más preocupante es que la tendencia claramente demuestra que el acto de quitarse la vida va en alza en la población juvenil de nuestro país.

¿Qué está pasando con nuestros jóvenes, por qué algunos de ellos ven la muerte como la única solución a sus cortas vidas?

DEPRESIÓN, ALCOHOL, DROGAS

El siquiatra Mario Quijada, presidente de la Sociedad Chilena de Salud Mental, tiene una visión muy clara acerca de este fenómeno. Plantea que se debe a que los jóvenes están en graves conflictos con su personalidad, a que han aumentado las depresiones, y también la ingesta de alcohol y drogas.

"Todos estos fenómenos son predisponentes a tener más problemas siquiátricos y, en definitiva, promueven que los jóvenes piensen más en el suicidio como solución a sus problemas", afirma el siquiatra, quien agrega que este acto es la respuesta a un mundo más inhóspito y hostil.

"Los jóvenes cada vez tienen más problemas para lograr una profesión, para tener acceso a las oportunidades. La competencia es feroz, porque ahora los que tienen su título no encuentran trabajo, por lo tanto, la vida se les vuelve menos esperanzadora", comenta Quijada.

Pero eso no es todo. Advierte que ahora los hogares son más disfuncionales. Ya no se ve el matrimonio tradicional (papá, mamá e hijos), sino familias totalmente atípicas. A juicio de este especialista, sin la contención de un padre de familia, de una madre, los jóvenes buscan refugio en cosas negativas para ellos, cuyos resultados son dramáticos.

"Recordemos que el 56% de los hijos nacidos en Chile el año pasado, procedía de hogares en que no había un matrimonio establecido. Eso es gravísimo". Esto explica, en parte, que haya tanto sicópata y tanto delincuente juvenil, afirma el siquiatra, quien asegura que somos nosotros quienes tenemos la culpa de ello, por no ser capaces de contener a la juventud en estos momentos.

NO HAY UNA SOLA CAUSA

La siquiatra Carola Álvarez, especialista de la Sociedad de Siquiatría y Neurología de la Infancia y la Adolescencia, Somnia, comenta que son muchos los factores que influyen en la decisión de suicidarse (biológicos, sicológicos, familiares, ambientales). En la primera categoría están las patologías siquiátricas, como el trastorno del ánimo depresivo, trastorno del ánimo bipolar, esquizofrenia, trastorno de personalidad y abuso de sustancias. Este factor es clave para entender el comportamiento suicida, pues las estadísticas revelan que, de los individuos adultos que han consumado el suicidio, el 90 % presentaba una patología siquiátrica de base.

Entre las características personales de los jóvenes que intentan suicidarse figuran baja autoestima; dificultad para expresar emociones, especialmente la rabia y la tristeza, así como para controlar impulsos, resolver adecuadamente problemas o conflictos, pedir ayuda y mantener una red social.

INFLUENCIA DE LA FAMILIA

Pero también influyen las características del funcionamiento de la familia (además de las referidas a su composición), que actúan como factores predisponentes, mantenedores y/o precipitantes de un intento de suicidio. Por ejemplo, familias poco acogedoras, con dificultad para escuchar y empatizar con cada uno de los miembros, alto nivel de hostilidad y agresividad, etc.

"Un adolescente con las características sicológicas mencionadas, sometido a un estrés ambiental, como por ejemplo una pérdida amorosa o fracaso escolar, y en el contexto de una familia poco cariñosa, "rechazante", "culpógena", indiferente o minimizadora de las dificultades, puede favorecer una respuesta autoagresiva. Habitualmente, estas respuestas son de tipo impulsivo. Sin embargo, se dan en un contexto de dificultades individuales y familiares previas", afirma la doctora Carola Alvarez.

Los siquiatras Begoña Sagasti (infanto-juvenil) y Claudio Stuardo, del Instituto de Neurosiquiatría, IPSI, de Viña del Mar, coinciden con la doctora Álvarez.

"Es posible que en cualquier circunstancia en que el adolescente queda sin herramientas para enfrentar la situación en forma adecuada, piense en el suicidio, porque se trata de una relación dinámica entre el adolescente y el medio que varía momento a momento", afirman los profesionales.

Los cambios que se viven en la adolescencia, aumentarían la vulnerabilidad de determinados jóvenes a desarrollar conductas desadaptativas.

Sin embargo, el siquiatra Gustavo Figueroa plantea algo aún más preocupante, y es que aproximadamente en el 10 por ciento de los suicidios de adolescentes, no logra establecerse una razón concreta para autoeliminarse.

"Sabemos que en un alto porcentaje los jóvenes que se suicidan tienen antecedentes de una depresión, pero hay un número de casos no menor en que esta decisión es una verdadera sorpresa para todos: para la familia, para los amigos y para las personas más cercanas en general, pues no logra establecerse una explicación o una razón clara. En estos casos, jamás se sabrá por qué un joven se autoeliminó, porque, además, no siempre una depresión va a derivar en un intento de suicidio", explica el médico.

El especialista comenta además que entre los adolescentes, la imitación también es un factor importante, especialmente cuando se trata de la muerte de una persona querida o altamente valorada por el joven, como ocurrió con el suicidio del delantero de la Universidad Católica, Raimundo Tupper, quien hace once años, cuando tenía 26, se lanzó por el balcón de un edificio cuando estaba en San José de Costa Rica, durante una gira del club por Centroamérica. Pese a su gran proyección, sufría una fuerte depresión endógena que lo llevó a tomar la trágica decisión, lo que indujo a muchos adolescentes a intentar suicidarse luego de conocer este caso.

HAY QUE ACTUAR

Sin embargo, no todos los suicidios son motivados por una decisión consciente de morir. Muchas veces los jóvenes ni siquiera pretenden generar un daño personal, sino simplemente expresar y comunicar sentimientos de desesperación, desesperanza o enojo.

"Aquí hay que poner cuidado y estar atentos, porque siempre tras un intento de suicidio hay un problema que atender. En otras palabras, no se puede tomar conocimiento de una amenaza o intento de llamar la atención y no hacer nada al respecto", subraya la doctora Begoña Sagasti.

Las estadísticas respaldan lo anterior, pues diversos estudios clínicos han establecido que entre un 60 y un 70 por ciento de las personas que se han suicidado han comunicado su sufrimiento de alguna manera y un 50 por ciento ha amenazado o intentado suicidarse el día anterior.

ATENDER LAS SEÑALES

Otro aspecto frente al cual los padres deben estar atentos, dice relación con las señales que emite el joven que está pensando en quitarse la vida. La mayoría de las veces hay avisos previos que demuestran una necesidad de comunicar sus problemas no resueltos. Los adolescentes pueden expresar su deseo de morir de manera directa o a través de mensajes alusivos al tema. Normalmente presentan una manifestación de desesperanza: "nada va a cambiar", "no importa lo que yo haga, todo va a seguir igual", "a quién le importa si no estoy", "nadie se daría cuenta". Se despiden de seres queridos a través de cartas o entregan sus pertenencias a otros; manifiestan su deseo de acompañar a un ser querido que ha muerto; se ensimisman, se retraen de su entorno social y familiar.

La siquiatra Flora de la Barra ha dicho que la conducta suicida tiene varios grados. Plantea que en la adolescencia es frecuente tener este tipo de pensamientos que son como una especie de juego deseando la propia muerte. El segundo nivel de gravedad, que sucede con menor frecuencia, es el gesto suicida, que es pensar cómo lo haría, pero sin ir más allá. Luego vienen los intentos suicidas, que son menos frecuentes aún y que se observan en los adolescentes, predominantemente en mujeres. "Un intento puede ser variable en su gravedad, yendo desde que el joven puede hacerse un pequeño tajo en los brazos y avisarle a una persona, hasta tomar pastillas en grandes cantidades sin contarle a nadie. A veces, en la adolescencia, se llega a esta etapa como una forma de pedir ayuda desesperada. La última etapa, más grave y felizmente menos frecuente, es el suicidio logrado.

La doctora De la Barra agrega que muchas veces se comete el grave error de desintoxicar a un joven en la UTI, después se le envía a su casa y la familia oculta la situación sin estudiar cuánto riesgo implica y qué problemas hay de base.

En este contexto, el siquiatra Claudio Stuardo subraya la importancia de la prevención del suicidio adolescente.

"Como padres debemos prepararnos para el paso por la adolescencia de nuestros hijos. Debemos favorecer nuestra presencia, permitiendo a la vez el desarrollo de su independencia y autonomía, y ayudarle a crear herramientas que le permitan enfrentar los desafíos del paso a la adultez con responsabilidad. Además, clarificar y "aterrizar" sus proyectos es tan positivo como aprender a escucharlos".

Para el sicoanalista Gustavo Maldonado Abascal, las personas que están pensando en suicidarse no quieren oír respuestas o soluciones. Buscan un refugio donde poder expresar sus temores y preocupaciones.

Si usted ha percibido que su hijo adolescente ha enviado alguna de las señales mencionadas, el sicoterapeuta recomienda cómo ayudarlo: escuche con atención; tome en serio las amenazas de suicidio; deje que hable acerca de sus sentimientos; no lo juzgue; pregúntele si ha tenido pensamientos de suicidio; si tiene algún plan para llevar a cabo el suicidio; averigüe si cuenta con los medios para llevar a cabo su plan; no le jure guardar el secreto, más bien comuníqueselo a alguien; háblele con cariño y asegúrele que está bien y que es necesario que reciba ayuda.

SABER ACOGER

Por su parte, la doctora Carola Álvarez recomienda favorecer un clima cálido y acogedor al interior de la familia, dando espacio para la expresión no sólo de sentimientos positivos, sino también de emociones como la rabia, la frustración y la pena. "En la medida en que los padres permiten que sus hijos expresen lo que les ocurre, pueden contener sus emociones y ayudarlos a procesar las dificultades", afirma la profesional.

Lejos de alarmar a la población, con estos antecedentes los especialistas consultados sólo buscan llamar la atención de los padres, y ponerlos más en alerta respecto a lo que está pasando con sus hijos.

Finalmente, y tal como lo plantea la siquiatra Flora de la Barra, "jamás desestime una amenaza de suicidio o comentarios alusivos al tema, ya que el joven puede estar dando pequeños gritos de ayuda. El suicidio se puede prevenir entregando tiempo, cariño y atención a quien lo necesita".

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