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Entrevista al Doctor Hernán Montenegro

10 de Julio del 2007, Sopnia.com Hernán Montenegro, psiquiatra infanto juvenil:
"SE DICE QUE LA FAMILIA ES EL NÚCLEO FUNDAMENTAL DE LA SOCIEDAD. DEBIERA SER ASÍ, PERO EN LA ACTUALIDAD ES EL INDIVIDUO"

Es uno de los pioneros de esta especialidad en Chile y recientemente acaba de lanzar su tercer libro, Problemas de Familia. De esa obra, de sus hijos y de su trayectoria habla en esta entrevista.  

Claudio Reyes R.

 

Antes que las becas y las especialidades médicas dejaran de ser una quimera visionaria, Hernán Montenegro ya tenía claro que -en ese entonces, a comienzos de la década de 1960-, para hacer realidad su anhelo de convertirse en psiquiatra de niños y jóvenes debía estudiar mucho y sacrificar opciones. Sólo así podría llegar a una de las más prestigiosas academias del mundo, la universidad estadounidense John Hopkins. Y lo consiguió.

Desde eso ya ha pasado tiempo y él es hoy un referente en la psiquiatría infanto juvenil chilena. De hecho, fue el primero en recibir el Premio Ricardo Olea, distinción con que la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y la Adolescencia (SOPNIA) honra a quienes han destacado y aportado con su ejercicio profesional. "¡Significa mucho! Es un reconocimiento de los pares, eso lo hace más valioso y gratificante. Fue bonito haberlo obtenido", confiesa el facultativo, de figura bonachona y amable, sobre ese galardón.

"¿Quién es Hernán Montenegro? ¿Cómo se definiría usted?", se le inquiere al partir esta entrevista. Esboza una sonrisa y responde: "El área de trabajo le tiñe a uno la óptica en que ve la vida. Es por eso que me interesa la relación con las personas, sobre todo los lazos con los niños, que siempre me han fascinado". Luego agrega: "Tengo inquietud por lo social e interés por el acontecer nacional, lo que tiene que ver con una etapa laboral en la que me desempeñé en el ministerio de Salud -donde estuvo a cargo de la División de Salud Mental-".

Junto con su carrera, Montenegro revela dos grandes pasiones: "Disfruto de pintar al óleo, voy a un taller semanalmente. Y además juego tenis… todavía", señala entre risas para rematar con la célebre frase de origen griego "para procurar una mente sana, hay que tener el cuerpo sano".

Su gran amor, sin duda, es su familia. Habla con ternura de sus cinco hijos. Dos de ellos siguieron su camino en la medicina, uno está en cuarto año y el otro, ya titulado, trabaja en la oficina Panamericana de la Salud, en Washington, donde vive junto a su esposa norteamericana y sus tres retoños. "Después viene una mujer, que es matrona y tiene dos hijos; otro que estudia sociología y el último aún está en el colegio. Por supuesto, tenemos una vida bastante intensa", dice orgulloso.

¿Contento con eso?
-¡Chocho, pues, imagínate! Tenemos conexiones muy afectivas. Cuando los iba a dejar al colegio, a sus compañeros les llamaba la atención que nos saludáramos siempre de beso en la mejilla. Hasta el día de hoy lo hacemos, en las mañanas al decirnos buenos días y en la noche, al despedirnos. Hay mucha demostración externa de afecto. Es muy rico.

De la vocación y la formación
Consultado por las motivaciones que lo llevaron a definir su destino como psiquiatra infanto juvenil, el facultativo esgrime varias razones: "Mi padre fue pediatra. En mi familia ya somos tres las generaciones de médicos. Eso por un lado y, además, el poder tener contacto con los pequeños, lo que descubrí en el curso de pediatría. Es algo que va más allá de las enfermedades, hablo de su desarrollo y de su conducta, que siempre me han parecido muy atractivas".

Doctor, antes sostuvo que le importaba lo social y la contingencia. ¿En qué se ha manifestado eso, además de haberse desempeñado en el ministerio de Salud?
-Cuando era universitario fui delegado de mi clase, también lo fui del centro de alumnos de la Escuela de Medicina y, posteriormente, de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile. Eso da una idea de que mi atracción por lo político y lo social surgió desde muy temprana edad. No fue de un día para otro.

Fue entre 1954 y 1961 que Hernán Montenegro estudió en la Universidad de Chile, un período que él define como "una instancia muy formadora. Yo venía de una escuela privada y católica, en el que el mundo estaba muy restringido. Y encontrarse en la universidad con muchachos tremendamente esforzados, con ganas de llegar a ser profesionales, provocó en mí un gran impacto. Había mucha diversidad, éramos una minoría los que proveníamos de colegios particulares". Y añade: "Por otro lado, la efervescencia social en ese entonces era impresionante, había un ambiente politizado al máximo, eso también fue impresionante. Hasta el día de hoy conversamos con algunos colegas sobre la vez que, como delegado, me tocó elegir a un subdelegado. Opté por un socialista y todos me decían '¿pero cómo es posible?'. Y después, en ese segundo año, se dio un clima muy rico en el curso, hicimos paseos… vida universitaria".

¿En qué momento se decide por la psiquiatría infantil y cómo lo hace, porque en ese entonces no había en Chile programas exclusivos para cada rama, no?
-Nooo, yo hice mi propio diseño curricular (ríe). Para ir a Estados Unidos y estudiar psiquiatría infantil, que era lo que pretendía, debía tener un background en pediatría, psiquiatría y neurología. Y eso hice, pues. Primero me formé en la cátedra de pediatría del profesor Julio Meneghello -Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnología 1996-, que está vivo aún y es una figura de la pediatría chilena. Las otras las hice en la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Chile y en la Universidad Católica, respectivamente. Mientras adquiría esa formación, el profesor Meneghello logró un cupo, en la Universidad Johns Hopkins donde, finalmente, hice mi especialización con una beca de la Organización Mundial de la Salud.

Al mirar hacia atrás, ¿qué siente al haber logrado todo eso? Imagino que no debe haber sido fácil.
-No, claro que no. Era muy pionero hacer eso. Es más, renuncié a una beca de tres años en pediatría a la que accedía por derecho propio luego del curso que hice con Meneghello. Fui bien osado, tuve que tomar una decisión bastante fregada: Renunciar a la seguridad económica -estaba recién casado- y empezar a hacer este currículum informal, para luego poder irme a Estados Unidos.

El profesor
Hernán Montenegro también ha dedicado gran parte de su tiempo a la docencia. Es más, el regreso de Norteamérica marcó el inicio de esta faceta. "Había que aprovechar este conocimiento inédito. Otras dos personas hicieron lo mismo, los doctores Altamirano y Sepúlveda. Empezamos a tomar conciencia de la necesidad de educar nuevos especialistas y, para eso, teníamos que partir por incorporar los contenidos de psiquiatría infantil para que así, quienes estudiaban medicina, supieran que esto existía", sostiene.

"En la cátedra de Julio Meneghello tuve a cargo una unidad de psiquiatría infantil y por ahí empezaron a surgir muchachos que deseaban formarse en esta área", complementa el galeno que ha sido profesor de las universidades de Chile, Católica y de Santiago, además del Instituto de Terapia Familiar, donde hace clases de postítulo para psiquiatras y psicólogos.

¿Qué debe caracterizar al psiquiatra infanto juvenil de hoy?
-Lo más importante es que debe poseer un manejo muy adecuado de las relaciones interpersonales. Eso es básico. Además, se requiere de una capacidad de estudiar permanentemente, tener un profundo conocimiento de lo que es el desarrollo del niño y del adolescente. Hay que estar al día, hay patologías emergentes, la drogadicción en mi época no existía y hemos tenido que ir aprendiendo. Van surgiendo cosas según la situación de la sociedad contemporánea, como el aumento secular de la depresión, por ejemplo.

Hace unos días, en una reunión social en la que había doctores, con una óptica muy crítica uno de ellos planteó que el narcisismo era una tendencia en el gremio. ¿Qué opina usted de eso?
-No creo. No estoy muy de acuerdo. Lo que sí pienso es que hay quienes se arrogan una postura superior, mas no por narcisos sino por arrogantes, que son cosas distintas. Vemos que cada vez tienen menos trato humano y cercano con los pacientes. La medicina se ha ido haciendo más impersonal con la sub, sub, sub especialización. Ya no se ve a un enfermo como persona, se ve sólo a partes del cuerpo o segmentos microscópicos o imágenes radiológicas, por ejemplo. Antes te decía que la preocupación por las relaciones interpersonales debería ser muy propia de la psiquiatría y es cierto, aunque debería serlo de todas las especialidades médicas.

Problemas de familia
A la hora de preguntarle por el rol actual de SOPNIA, Montenegro tiene una opinión clara y definida: "He sido insistente en la necesidad de que esta sociedad científica, dados los cambios sociales y su impacto, no sólo debe velar por el perfeccionamiento de sus miembros, sino que tiene un papel en la extensión, en la difusión de conocimientos que sean favorables para el desarrollo de los niños y de las relaciones familiares. Se dice que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Eso es lo que debiera ser, pero en la sociedad actual, regida por el mercantilismo, es el individuo. Cada vez somos menos 'familistas'. De hecho, el individualismo y la competencia son los dos valores que hacen que la gente sea o no exitosa".

Esa misma opinión da paso a los contenidos de "Problemas de Familia", un libro de su autoría recientemente lanzado por la Editorial Mediterránea y que recoge los conflictos familiares más habituales que ha logrado identificar en sus más de cuarenta años de ejercicio médico.

"No se refiere a patologías psiquiátricas -de eso ya escribió en "Psiquiatría del Niño y del Adolescente" junto al doctor Humberto Guajardo-. Este libro es para público general y se abordan las dificultades más frecuentes en el desempeño de los roles parentales y conyugales, como por ejemplo los inconvenientes de los padres a la hora de ejercer su jerarquía en el sentido de proveer límites. También los problemas de comunicación y las complicaciones del hombre y la mujer para definir sus papeles al interior de la familia, los que surgen con la entrada de la mujer al mundo laboral".

Es también una materia significativa en la obra la "contrariedad de la pareja actual para lograr ser adultos sin estar monitoreados por la familia de origen. Es increíble la cantidad de contrariedades que eso genera, se oponen los modelos tradicionales versus el actual, que tampoco está muy claramente definido pues estamos en una etapa de transición", sostiene. Luego concluye: "No digo que sea algo malo la incorporación de la mujer al trabajo, para nada. Me refiero a la manera en que la sociedad patriarcal aún resiste ese cambio, tanto a nivel macrosocial como microsocial en el sistema familiar".

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