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Esta especialidad demanda un desarrollo personal muy acelerado

Entrevista a la Doctora Virginia Boehme

27 de Marzo de 2011, Sopnia.com

Con una fuerte vocación por la medicina y los casos clínicos más complejos, la psiquiatra infanto-juvenil, Dra. Virginia Boehme, ha desarrollado su carrera buscando aprender permanentemente, empujando la colaboración multidisciplinaria y el soporte entre especialistas para logar un equilibrio entre un potente y necesario compromiso y un desgaste emocional secundario.

Quienes la conocen y han sido sus alumnos, dicen que es poseedora de un humor a toda prueba y de una generosidad que permite que los jóvenes profesionales que le ha tocado acompañar, supervisar y formar, se destaquen y crezcan. Lo cierto es que, aunque quería ser psicóloga al terminar el colegio, se matriculó para estudiar Medicina en la Universidad de Chile, siguiendo la recomendación de su padre, quien es traumatólogo. Así fue como la doctora Virginia Boehme comenzó su carrera profesional, que naturalmente luego derivó hacia la psiquiatría.

Cuando terminó sus estudios, la doctora Boehme ya había encontrado su vocación: postuló a un cargo de general de zona y partió al Hospital de Collipulli. “Ahí trabajé durante cinco años y yo creo que es la época donde más me he entregado a mi profesión, porque trabajé haciendo un poco de todas las especialidades médicas, desde la atención obstétrica hasta la atención pediátrica, es decir, comenzando con el recién nacido hasta llegar al adulto mayor y, desde luego, pasando por la medicina legal”, explica.

“Lo que más me gustó, y a lo que me dediqué mucho allá, fue la medicina rural, que consistía en llevar las intervenciones de salud tanto preventiva como curativa a las zonas más distantes y rurales de la región. Íbamos regularmente a postas rurales y nos preocupábamos, no sólo del tratamiento de las enfermedades, sino que de promover conductas sanas como la educación en la manipulación de alimentos para prevenir enfermedades infecciosas, del fomento de huertas familiares, disposición de materiales de desecho, instalación de letrinas, etc”, cuenta.

“Todas estas medidas de salud pública me enseñaron la importancia y la gratificación del trabajo en equipo. Recuerdo que uno de los principales problemas era la mortalidad infantil y materna e implementamos varias estrategias para disminuir estas preocupantes tasas. Yo me entusiasmé con esa especialidad”, enfatiza la doctora Boehme.

Con la idea de seguir ligada a esta actividad, estaba a punto de finalizar su estadía en Collipulli y optar a una beca de salud pública cuando decidió asistir a un curso dictado por la doctora Amanda Céspedes, donde la profesional analizó el abordaje del médico general en torno a la psiquiatría infantil.

“Ahí me enamoré de la psiquiatría infantil, la doctora Céspedes es una gran docente y ella me transmitió el cariño por los niños. Sentí que era una especialidad muy integral y, bueno, postulé y me gané la beca en Santiago, en el Hospital Luis Calvo Mackenna”. Esa instancia le permitió recorrer diversos centros de atención y formación. Dentro de ellos destacaron el INTA, el Hospital Psiquiátrico José Horwitz Barak y el CIDIN (Centro de Desarrollo Integral del Niño), dependiente del Servicio de Neurología del Hospital José Joaquín Aguirre, donde conoció al doctor Mario Sepúlveda, a quien describe como clave en su formación.

Ella dice que tenía sed de aprender y seguir profundizando sus conocimientos, lo que la llevó a hacer un postítulo en terapia familiar. Actualmente continúa su formación profesional a través de un Diplomado en Psicopatología Evolutiva en la Universidad de Chile.

Trabajó desde el comienzo de su carrera como especialista en un equipo multidisciplinario de excelencia junto con la doctora Maritza Carvajal, actual presidenta de SOPNIA, en un centro de tratamiento para niños en situación irregular y posteriormente fue contratada en el CIDIN para la atención de niños con severos trastornos del desarrollo. Cuando este Centro se cerró, llegó a formar equipo en la Clínica Los Tiempos.

Los Tiempos, su gran aporte

“La Clínica Los Tiempos estaba fundada hacía varios años, pero en esta búsqueda de resolver los dilemas terapéuticos que demandan los pacientes jóvenes graves empecé a buscar distintas instancias que acogieran a estos niños. Lamentablemente, todas las clínicas estaban dedicadas a pacientes psiquiátricos adultos, con excepción del Hospital Roberto del Río que disponía de algunas camas. Es curioso que existiera un vacío tan grande en el abordaje de enfermos mentales agudos infantiles. Supongo que tiene relación con lo removedor de emociones que significa pensar en este tema, sobre todo en el ámbito de la infancia. Entonces, esta clínica me pareció muy acogedora, con gente muy abierta a recibir pacientes pediátricos y con una enfermera muy motivada, aspecto que fue clave para mí”, cuenta la doctora Boehme.

“La enfermera se interesó y, junto con una psicopedagoga, nos embarcamos en un proyecto para poder atender a estos niños en un espacio definido. Previamente se creaban espacios ‘especiales’ entre los adultos para poder atenderlos, pero siempre con muchos temores”.

Logró entusiasmar también a los directores y a la dueña de la clínica, y comenzó a formar un equipo multidisciplinario de profesionales interesados y motivados en la atención de los pacientes complejos. “Afortunadamente en la actualidad hay varias otras clínicas que abordan el tema con diversos equipos de expertos”.

Con respecto al trabajo multiprofesional, dice: “Nos fuimos retroalimentando en cuanto a la visión de la psicopatología, pero también en términos de acogernos con nuestras propias angustias. Efectivamente, los pacientes graves y sus familias demandan al profesional tratante no sólo conocimientos y experiencia, sino también mucho trabajo personal, porque generan muchos sentimientos difíciles de procesar. El instrumento con que uno trabaja es su personalidad y la sensibilidad aporta una información interesante respecto del caso y de uno mismo”.

Así, la doctora Boehme piensa que su aporte ha sido “proveer un modelo de abordaje de los pacientes graves en equipos de trabajo integrados que estén en permanente formación y en revisión de su procedimiento. Nos preocupa estar en la vanguardia de los avances que aportan las distintas disciplinas médico-psicológicas-pedagógicas y de las especialidades afines de los pacientes psiquiátricos infanto-juveniles severos, para ofrecérselo a los jóvenes y sus familias con el fin de apostar a una rehabilitación integral”.

Una visión crítica

“La salud mental ha estado abandonada hace muchos años, lo que es muy preocupante y se expresa no sólo en la experiencia clínica, sino en investigaciones epidemiológicas recientes en torno a la prevalencia de patologías psiquiátricas. Yo creo que el gran desafío de las generaciones que vienen es dedicarse a la salud mental infanto-juvenil. El dilema sería apostar a prevenir patologías psiquiátricas mayores”, señala la doctora Boehme y precisa que “la delincuencia, por ejemplo, es un problema bio-psicosocial y cuando ya el paciente comienza a delinquir, ha dado un salto, el cual es difícil, tan trabajosamente difícil de revertir. Aquí hay que crear políticas de prevención en salud mental. Esa es la gran tarea de las próximas generaciones de especialistas”.

Esta tarea, a juicio de esta doctora, “es del médico, del psiquiatra infantil y de la sociedad, pero el médico tiene el deber de crear conciencia de las falencias que hay. Eso es un gran desafío”.

Y para la SOPNIA, de la que fue presidenta entre 2003 y 2005, marcando una huella con una serie de iniciativas para generar una identidad propia y para favorecer un sentido de pertenencia entre sus asociados, también tiene un mensaje que dar: “Su desafío es el posicionamiento de su rol como agente que crea conciencia”. Y para ello, explica que “el promover un adecuado abordaje de la salud mental en nuestro país tiene que partir fundamentalmente por los socios jóvenes”.

“Es necesario plantear políticas que protejan al niño desde el periodo prenatal, favorecer la salud mental y física de la madre, desde el embarazo y sobre todo en el puerperio, crear políticas especiales para permitir a los niños crecer sanos y salir protegidos desde el seno familiar a la comunidad. Cuando esto no se logre y se perturbe su desarrollo, crear instancias de detección precoz y tratamiento oportuno para evitar conductas de riesgo que conduzcan a conductas extremas, como es el caso de la delincuencia”, enfatiza la doctora Boehme.

Desde su trabajo con los médicos más jóvenes, su recomendación es pedir ayuda cuando lo requieran. “Cada paciente es un desafío nuevo, un mundo distinto y uno tiene que estar en permanente formación, adaptación y crecimiento personal. Yo creo que esta especialidad demanda un desarrollo personal muy acelerado: hay que tener claros los conflictos propios para diferenciarlos de los de los pacientes y para ello se requiere de un auto-conocimiento importante y el haber hecho el camino de resolución de conflictos uno primero. Esto se logra con ayuda de psicoterapia personal y supervisión de casos”, concluye.

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