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Sanadora de pequeñas almas

Entrevista a la Doctora Eva Rona

31 de Enero de 2010, Sopnia.com


Socia fundadora de SOPNIA, esta connotada siquiatra infantil ha dedicado su vida a la salud mental de los niños chilenos, desde el corazón de la realidad nacional: los servicios públicos. 


Siempre quiso estudiar medicina, dice. Lo hizo en la Universidad de Chile, para luego especializarse en pediatría –“a casi todas las mujeres nos atraía”, añade-, y después en Neuropsiquiatría, pues en esa época las dos disciplinas se impartían como una sola. ¿Sus maestros? Los doctores Mario Sepúlveda y Mariano Latorre, de quienes recuerda su cariño por los pacientes y la acuciosidad de sus diagnósticos, siempre abiertos a todas las posibles terapias que pudieran beneficiarlos.
Casada con el doctor Lautaro Vargas, lo siguió a Francia, donde él cursaba una beca en Hematooncología infantil, para ahondar en la especialidad de siquiatría pediátrica, lo cual hizo en el Hospital de la Pitié-Salpêtrière durante un año. De allí recuerda tanto a quien fue su mentor, profesor Dugas, como al jefe de Servicio, profesor Duché, quienes seguían al sicoanálisis como escuela. “En Chile, en cambio, se veían diferentes corrientes de pensamiento; por ejemplo, había un grupo sicoanalítico en el Hospital Luis Calvo Mackenna y grupos que seguían la línea conductista; pero el doctor Mario Sepúlveda –que se desempeñó en los hospitales San Juan de Dios y Félix Bulnes- prefería tener una visión más completa, fenomenológica, valorando cada una de las manifestaciones del paciente. “Yo siempre consideré que no se puede hacer que el paciente se acomode a una teoría como a un molde, sino al revés, ver qué enfoque teórico ayuda mejor a determinado paciente”, explica.
Así, destaca los primeros pasos que dio en París en el área de investigación: abordó el duelo en niños y adolescentes, estudio que continuó a su regreso a Chile, para luego seguir con una serie de proyectos en áreas como el trastorno de identidad sexual en niños y adolescentes, otro referido al suicidio en los jóvenes y otra área, más motivada por su marido, de apoyo a los pequeños pacientes oncológicos.

Primeros estudios en relación  al trastorno de desarrollo sicosexual
Respecto al estudio de los niños con este trastorno, publicado a principios de la década de los 80, la doctora Rona señala que “era tema complicado, las mamás llegaban preocupadas con niños a los que no les gustaba jugar fútbol, se ponían ropa de mujer a escondidas; era bastante difícil orientarlas”.
- ¿Cómo era el abordaje que hacía de estos pequeños pacientes?
- Era bastante delicado; en general las madres eran más comprensivas con el niño, pero los padres  toleraban mal esta situación, los castigaban e insultaban, pensando quizás que el castigo físico los iba a hacer “más hombres”. Por ello, la relación padre-hijo era mala, porque así como el papá rechazaba al niño con este comportamiento,  el chico tampoco sentía apego por su padre, generalmente prefería a la mamá o a una tía, eso era lo más frecuente.
En el primer acercamiento con la especialista, al solicitárseles dibujar a una persona , estos menores invariablemente hacían una niñita; “se percibían a sí mismos como niñas, y en estos esbozos hacían hincapié en lo femenino, los ojos con largas pestañas, y el atuendo marcadamente femenino. Pero, a medida que crecían, se daban cuenta que esas actitudes eran rechazadas socialmente, por lo que aprendían a disimular sus tendencias. “Uno trataba de intervenir, con resultados bastante pobres, la verdad, de modo que se trataba más bien de reforzar la relación del niño con el papá, para que lo aceptara, y para que el niño sintiera deseos de identificarse con la figura paterna”.
En esa época, agrega, todavía se consideraba que este trastorno se podía modificar en el niño, “algo que todavía se discute, pero a través de los años nos dimos cuenta que no era así, que la intervención tenía que ser para que el niño se aceptara mejor a si mismo, que mejorara su relación con su padre, su familia, y que no se sintiera solo. Tengo la convicción de que estos trastornos son de origen genético, muy poco modificables por factores ambientales o sicoterapéuticos.”

No todo tiempo pasado fue mejor
De esta forma, dedicada toda su vida a trabajar en los servicios públicos de salud –“que han mejorado, pero aún falta por avanzar”- y a la docencia de pre y postgrado en psiquiatría infantil, la doctora Rona se acercó a lo más representativo de la infancia, haciendo un aporte indiscutible en épocas difíciles para el país y  para el desarrollo de  su disciplina.
- ¿Eran los niños de antes más o menos felices que hoy?
- No creo que hayan sido más felices; antes había mucha pobreza, menos acceso a la educación; las familias de menores recursos se daban por satisfechas cuando los niños cumplían la enseñanza básica, y si continuaban su escolaridad, los que tenían más posibilidades eran los niños y no las niñas,que frecuentemente tenían que hacerse cargo de los hermanos menores y de las tareas domésticas.
En este derrotero, añpade que “En las familias de más bajo nivel socioeconómico, era frecuente que los papás no se preocuparan por la educación de sus hijos; no así las madres, que comprendían su importancia en el futuro de sus hijos e hijas. En la actualidad, se puede comprobar un mayor compromiso e interés de los padres en esta área, lo que es más evidente en la clase media, que hace sacrificios económicos para ello”.
Finalmente, la doctora Rona destaca los avances farmacológicos y terapéuticos que han permitido un mejor pronóstico en las afecciones psiquiátricas. “También han disminuído los prejuicios frente a “ir al psiquiatra”. Ya nadie cree que haya que estar loco para buscar ayuda”, concluye

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