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Entrevista a la Dra. Flora de la Barra

9 de Noviembre de 2009

- Primera mujer en recibir esta distinción

Dra. Flora de la Barra,
premio “Doctor Ricardo Olea”

•    Su ahijada, cuando era pequeñita, creía que a su querida madrina le pagaban por jugar con niños en la casita de muñecas. Tan cierto no era, pero tampoco tan erróneo: esta destacada psiquiatra infantil se considera enormemente afortunada por haber podido siempre desempeñarse en lo que más le gusta.
Esa es la razón de base para su éxito profesional, académico y científico, el cual se vio coronado con el reconocimiento de sus pares, pues recientemente fue honrada con el premio “Doctor Ricardo Olea”, que bianualmente entrega la Sociedad de Psiquiatría y Neurología Infantil y del Adolescente, SOPNIA.
Este premio se instauró en el año 2001 como la más alta distinción que otorga la sociedad a uno de sus miembros, por su dedicación y contribución a la especialidad. Lleva el nombre del pionero de la neuropsiquiatría en Chile, quien hizo un gran aporte a la formación de la especialidad de neuropediatría y de psiquiatría de la infancia y la adolescencia.
La doctora Flora de la Barra realizó sus estudios de pregrado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, al finalizar los cuales trabajó como médico general de zona en Melipilla. Cursó su especialidad en Psiquiatría como discípula del profesor Mario Sepúlveda; desarrolló su trabajo asistencial en los hospitales San Juan de Dios y Luis Calvo Mackenna –donde inició sus primeras investigaciones en psicosis epilépticas, así como su labor docente- y, posteriormente, viajó a Londres con una beca de la Organización Mundial de la Salud, formación que continuó en Nueva York. De vuelta en el país, estableció el primer programa de pediatría conductual para médicos de atención primaria en el área oriente de la capital, participando en la creación de los manuales de esta subespecialidad.
Uno de los hitos más importantes de su carrera fue su liderazgo en la Comisión de Salud Infanto Juvenil del Ministerio de Salud, equipo con el que estableció un programa transversal e integral en la materia, acorde a los derechos del niño.
Ha dirigido un proyecto OPS y dos proyectos Fondecyt y participa como coinvestigadora en un tercero, dirigidos a la epidemiología de los trastornos de la salud mental en la población general y escolar, contribuyendo a la generación de políticas públicas orientadas a beneficiar a los sectores más vulnerables de nuestra sociedad
Además, es profesora adjunta de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile; ha sido dos veces vicepresidenta de SOPNIA, así como directora; fue la primera especialista de un recinto asistencial privado, Clínica las Condes, donde ha generado una unidad clínica estable y con crecimiento sostenido y, finalmente, es la primera mujer que ha recibido el premio “Doctor Ricardo Olea”.

Padres más comprometidos
Durante la ceremonia de entrega de este reconocimiento –la cual se realizó en el marco del XXVII Congreso de SOPNIA entre el 7 y el 10 de octubre–, el encargado de presentar la biografía y méritos de la doctora De la Barra fue el doctor Ricardo García.
En la oportunidad, no sólo se refirió a su destacada carrera profesional y académica, sino también a sus cualidades personales, como su dedicación, rigurosidad, vitalidad física, lucidez, y sencillez y ternura con los niños. “me ha tocado trabajar con ella estrechamente en muchos espacios públicos y privados por más de 20 años, participando de éxitos y dificultades, pero sobre todo formando equipos clínicos para ayudar más eficientemente a nuestros pacientes para poder compartir y sostener de mejor forma el arduo y a veces extenuante trabajo asistencial con niños, adolescentes, sus familias y entorno”. Por ello, agregó que “la doctora De la Barra representa un modelo de médico con el que nuestra sociedad se enorgullece de contar, trascendiendo lo personal hacia el bien de los demas, en una labor estrechamente vinculada a sus colegas en un marco serio, cálido y ético”.
Por su parte, la doctora De la Barra agradeció el homenaje rendido, concluyendo que es una mujer muy afortunada, pues recordó diferentes pasajes de su vida que la convirtieron en la profesional que hoy es: el rigor del aprendizaje universitario; su fascinación con la psiquiatría junto a maestros como los doctores Mario Sepúlveda y Carlos Almonte, y el destacado especialista inglés Michael Rutter; su labor académica, docente, clínica  y de extensión. En materia de su labor en Sopnia, señaló que durante “los oscuros 17 años que ustedes saben, la sociedad constituyó una isla de libertad, uno de los pocos espacios donde se podían hacer cosas para el avance de nuestras especialidades”.  Luego, repasó su misión en la Comisión de Salud Infanto Juvenil del Minsal y sus investigaciones en materia de salud mental escolar, maltrato infantil y, más recientemente, el primer estudio nacional de prevalencia de trastornos siquiátricos en niños y adolescentes. Por último, agradeció a su familia y a sus colegas, diciendo que “cuando ya creía que tenía suficientes motivos de felicidad, me llega esta tremenda muestra de cariño de ustedes, mis compañeros en esta linda aventura que es nuestro trabajo. De verdad soy afortunada”.
- Más allá del agradecimiento, ¿qué emoción la embargó cuando recibió este premio?
- Una alegría muy grande porque recibir el reconocimiento de los pares es lo mejor que puede pasar, hace olvidar todo el cansancio, las frustraciones, injusticias y problemas. Todo eso desaparece.
- A lo largo de su trayectoria profesional, ¿cómo ha cambiado la vida de los niños chilenos?
- Para bien y para mal, en distintos aspectos. En lo positivo, se ve una mucho mayor participación de los padres en la crianza, están más presentes y más comprometidos, pese a que cada vez enfrentan jornadas más largos y más exigencias laborales y profesionales. Además, el acceso a la información a través de distintos medios ha mejorado la calidad de vida de los niños y sus familias. Pero en lo negativo, el aumento de dificultades para ingresar a los colegios y los horarios cada vez más largos, entre otras cosas, hace que los niños estén cada vez más exigidos... y en muchos establecimientos –gracias a Dios no en todos- están más preocupados de la acumulación del conocimiento que del aprender a aprender, o del crecimiento integral. Y está el problema de las drogas; cuando estuve en el Minsal, la droga venía recién entrando por el Norte de Chile, y el objetivo era detener su avance. Hoy está en todas partes.



 
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