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Entrevista a la Psc. Sra Cecilia Araya

23 de Julio de 2009

Construyendo la historia de la psicología infantil en Chile

La psicóloga Cecilia Araya ha sido testigo de importantes cambios sociales que han repercutido en la salud mental de los niños desde que se inició en esta profesión, guiada por el doctor Mario Sepúlveda. Junto a él fundó Sopnia en la década de los 60 y desde entonces ha permanecido ligada a la institución, que, para ella, ya ha alcanzado la madurez.

Una larga carrera tanto en la docencia como en el ejercicio de la psicología infantil precede a Cecilia Araya. Psicóloga de la Universidad Católica, esta profesional ha dedicado su vida al tratamiento de niños y adolescentes, siendo una de las fundadoras de la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y Adolescencia, SOPNIA, desde donde ha visto ocurrir grandes cambios en la sociedad chilena, que sin duda se reflejan en los menores que hoy son atendidos por los especialistas del área.

La historia profesional de Cecilia Araya comenzó tras obtener su título de psicóloga y de trabajar ad honorem en el Hospital Félix Bulnes; ingresó a trabajar en el Hospital Roberto del Río, donde conoció al destacado psiquiatra Mario Sepúlveda, quien entonces era el jefe de servicio. “Él ha sido un gran formador de especialistas y yo en ese sentido lo considero realmente mi maestro, él fue uno de los primeros psiquiatras que se dedicaron a la atención de niños”, comenta desde su consulta, donde trabaja junto a su hija, también psicóloga, principalmente en psicoterapia grupal para tratar el tema de las habilidades sociales.

“Hasta ese momento, los psicólogos que estaban allá tenían poca participación, pero nosotros llegamos y comenzamos a ser cada vez más parte del equipo, y en eso el doctor Sepúlveda fue muy importante porque nos fue incorporando en las reuniones clínicas, examinábamos casos y teníamos un trabajo bien igualitario con los médicos”, explica la especialista, quien desde entonces se enfocó totalmente a la atención de niños, en un servicio de psiquiatría que recibía pacientes de todo Chile y donde comenzaron a surgir las inquietudes que darían vida a SOPNIA.

El trabajo en el hospital Roberto del Río en esa época se basaba en la atención de problemas de lenguaje y aprendizaje, que eran las consultas más frecuentes, aunque también se atendía bastantes casos de psicosis y muchos problemas de niños con compromisos cerebrales. El centro contaba con un pequeño servicio de hospitalización donde empezaron a desarrollar terapias de grupo con los niños internados. “El doctor Sepúlveda era un hombre muy bien formado, muy estudioso, generoso con su conocimiento y muy exigente, entonces era un servicio muy organizado, realmente fue un privilegio ver al doctor Sepúlveda atendiendo niños y haciendo clínica”, señala la psicóloga.

La Sociedad partió con el fin de generar relaciones de colaboración entre todas las personas que estaban trabajando con niños en hospitales. La psicóloga Araya cuenta que, “a pesar de lo chico y limitado que era el área de psiquiatría infantil, había mucho interés y muchas ganas de relacionarse y trabajar en conjunto, así que en la década del 60 se armó la sociedad, que recibió fuertes influencias de la psiquiatría alemana, una corriente que tenía mucho peso en la formación de profesionales y que era seguida por los doctores Ricardo Olea y Mario Sepúlveda, quienes habían estado becados en ese país”.

Hasta hoy, esta psicóloga que dicta clases en la Universidad de Los Andes y en la del Pacífico sigue siendo miembro activa de SOPNIA. Según su visión, la entidad ha tenido un desarrollo como los humanos, pues tras partir con una serie de limitaciones y siendo muy reducida, “cada día la veo más organizada, más grande, como que pasó su período de infancia y adolescencia y claramente ha llegado a la madurez”. La especialista recalca especialmente las relaciones con otras sociedades y la realización del congreso anual, además de las actividades permanentes que mantienen los asociados.

Sin embargo, mantiene una mirada crítica frente a una de las falencias de la Sociedad: “Yo soy psicóloga y diría que el problema que ha pasado con SOPNIA es que, paralelamente al desarrollo de ella, se fueron armando sociedades puramente psicológicas, entonces se ha ido manteniendo con los médicos y ha habido muy poca participación de psicólogos”. Esto se debe, a juicio de ella, a que la mayoría de los psicólogos no trabajan en los servicios hospitalarios y ese es el real punto de confluencia de la Sociedad, el ejercicio en los centros de salud.

Ese ojo crítico se agudiza también con otro aspecto relevante: la calidad de los profesionales del área de la psicología. El gran problema, bajo su punto de vista, ha sido la gran diferencia de formación entre las distintas universidades y los enfoques de cada una de ellas. “Indudablemente, el grueso de psicólogos no tiene una buena formación”, aclara, y a eso se suma que “en la actualidad toda la especialización se hace a nivel de postgrado, la gente tiene que pagar postítulos que son bastantes caros ya que la especialización no se hace dentro de la universidad. Eso ha tenido cosas buenas y malas, para especializarte tienes que demostrar que has tenido formación de postítulo en ciertas áreas, y eso es difícil, hay muchos psicólogos desocupados y hay muchos profesionales que salen con poca formación”.

El cambio social

Desde su consulta, Cecilia Araya ha sido testigo de importantes cambios sociales en los últimos 40 años. La globalización, los medios de comunicación, la computación e Internet y los juegos de video, por una parte, sumado al poco control de parte de los padres y la incorporación de la mujer al trabajo, “son condiciones que han gatillado que los niños pasen mucho tiempo solos o en manos de personas que no tienen mucho interés en formarlos”, comenta la psicóloga. “Hay una sensación en los niños de que no tienen tiempo para vivir ni para jugar: salen de un colegio que termina a las cuatro y que está lejos de su casa, los padres llegan tarde, cansados, agotados y estresados, por lo que tienen poco tiempo para compartir y comunicarse con los hijos”.

En ese sentido, la especialista ve “una diferencia gigantesca con décadas anteriores, no solamente con relación a las exigencias tanto de los padres como de los colegios, sino también con la cantidad de información que existe hoy en día en relación a la que había años atrás. Por otro lado, la competitividad se ha ido metiendo en los hogares y colegios, en la sociedad completa. La mamás están poco en la casa y los papás llegan tardísimo, entonces tienen a los hijos en miles de actividades extras, talleres, profesores particulares porque los padres encuentran en eso una forma de dejar esa preocupación en manos de otro”. Así, concluye la especialista, los niños de hoy están expuestos a mucha información, buena y mala.

Esos cambios en la sociedad chilena han llevado a que los niños que llegan a la consulta sean menores con problemas del desarrollo de la personalidad o deficiencias graves en las habilidades sociales, tema que hoy es muy importante. “Las personas que tienen habilidades sociales, que tienen amigos y que se insertan en un grupo tienen mejor vida claramente que los que no lo hacen y en este nivel de competencia los niños tienen que tener habilidades sociales, por lo que los colegios han implementado programas para que los chiquillos trabajen en grupos y ahí entonces muchos de los niños que antes no consultaban porque no eran excesivamente agresivos o tímidos o sin amigos o aislados ahora vienen porque no cumplen con las expectativas mínimas sociales del colegio”, puntualiza la profesional.

“Los problemas en las habilidades sociales son muy amplios, incluyen la autoestima y muchos otros puntos que son parte del desarrollo de la identidad y de la personalidad. Eso hace que a los niños les cueste mucho adaptarse a la rutina diaria y veamos mucho problema de sexualidad, pornografía, grooming, frente a los que los niños están bastantes solos y así fácilmente se van metiendo en redes que son armas de doble filo y los papás no son capaces de controlarlos, porque no entienden”.

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