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El fantasma de la droga

MARTES 13 DE JUNIO, REVISTA YA EL MERCURIO Neva Milicic
Sicóloga

En la actualidad los padres de niños y adolescentes tienen un miedo justificado - aunque a veces excesivo- a que sus hijos o hijas caigan en el consumo de drogas. Ciertamente que las cifras no son tranquilizadoras; un estudio hecho por Conace, que es el Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes, del año 2003, reporta que uno de cada cuatro estudiantes que cursan la Educación Media reconoce haber consumido alguna droga ilícita. El consumo es similar en todo tipo de colegios, sean éstos municipalizados, particulares subvencionados o privados. Con estos antecedentes en mente quizás es bueno que las familias, más que preocuparse, se ocupen de desarrollar aquellos factores que se han demostrado como protectores desde el contexto familiar. Si bien en cualquier familia es posible que un hijo tenga problemas con la droga, sin duda que hay características del entorno familiar que disminuyen significativamente el riesgo de que un niño se haga adicto a las drogas. Está comprobado que la cercanía afectiva y la involucración de los padres disminuye los riesgos de consumir, en tanto que las relaciones conflictivas o la negligencia por parte de los padres constituyen factores que aumentan el riesgo de consumir drogas. Además, también hay evidencia de que la participación de los jóvenes en grupos culturales, religiosos y deportivos constituye un factor protector de gran significación. Promover y facilitar la integración de los niños en estos grupos desde la infancia es una poderosa herramienta que puede ser utilizada por los padres y los colegios.

Otro factor que contribuye a la protección del niño de los ambientes de riesgo es que exista en la familia una política de puertas abiertas a los amigos.

Conocer a los amigos de los hijos, sin involucrarse ni entrometerse excesivamente, permitirá a los padres estar al tanto de cuáles son las redes en la que los hijos están insertos. Moverse en un ambiente familiar, que permita entretenerse, hacer ruido y ocupar la casa, facilitará que los adolescentes desarrollen al menos parte de su vida social en una atmósfera de contención emocional.

Otro factor que facilita la contención emocional en la adolescencia es la presencia de límites y normas claras, que por supuesto sean apropiados a la edad del niño. Mantener un hijo o una hija infantilizado puede ser un factor de riesgo por dos razones. La primera es que la rebeldía es una mala consejera en la adolescencia, porque tiende a estimular las conductas transgresoras. La segunda razón es que el mantenerlo infantilizado puede hacerlo aparecer muy ingenuo ante sus compañeros, con lo que puede ser fácilmente engañado por amigos que son más avezados en manipular a otros para inducirlos a conductas de riesgo.

Pero quizás el factor protector más importante es haber tenido un nivel de comunicación en que el adolescente se haya sentido escuchado, respetado y valorado por sus padres y que en una conversación directa se pongan los límites.

Ver películas sobre los efectos de la droga con los hijos, por ejemplo "Mala Sangre", comentando con ellos de igual manera que lo haría con un adulto los efectos de la droga sin ponerse excesivamente "pedagógico" ni extenderse demasiado, puede tener un efecto protector.

Y si usted sospecha que su hijo está en riesgo, no vacile en pedir ayuda, ya que en el camino de la droga es fácil entrar pero es difícil salir.   Ver noticias anteriores

 

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