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Cuando los hombres se involucran en la vida académica de los niños, ellos mejoran su rendimiento; si participan de las tareas domésticas, los menores son más sociables y tolerantes; y si la madre tiene depresión, actúan como escudo que protege la estabilidad de los más pequeños.

Padres legan a hijos seguridad, confianza y sentido de la competencia

DO 18/JUN/2006, CL.LA TERCERA Cuando los hombres se involucran en la vida académica de los niños, ellos mejoran su rendimiento; si participan de las tareas domésticas, los menores son más sociables y tolerantes; y si la madre tiene depresión, actúan como escudo que protege la estabilidad de los más pequeños.


En Chile, según el Censo 2002, existen más de 2.340.000 de familias formadas por padre, madre e hijos. La cifra no da cuenta, no obstante, de la real cantidad de padres que hoy podrían estar celebrando su día: no considera a los que tienen hijos sin haberse casado, a los que se separaron y ya no viven con sus niños, a los que aprendieron a ser padres de los hijos biológicos de sus parejas, a los tíos o abuelos que son la figura masculina más relevante para los niños, o a los hombres que -siendo ya ancianos- fueron olvidados por sus descendientes.

Todos ellos han dejado una huella en sus hijos. Aunque muchas investigaciones han dado cuenta del daño que produce, por ejemplo, la distancia paterna, la agresividad o el exceso de autoritarismo; sólo desde los 80 los sicólogos empezaron a analizar el rol positivo de la figura masculina en los menores. La Tercera recopiló los principales hallazgos en esta línea, que concluyen que el amor del padre es tan vital como el de la madre en el bienestar infantil.

Una presencia clave

Mientras mayor sea el nivel educacional del padre, más rápido y de mejor calidad será el desarrollo de las habilidades intelectuales y de lenguaje de un niño. Curiosamente, el mismo elemento predice una mejor calidad de la relación de la madre con los hijos, al potenciar el hombre el rol protector de la mujer, indica la Sociedad de Investigación en Desarrollo Infantil, de la U. de Michigan, en EE.UU.

Lo interesante es que el impacto no se asocia con el dinero: el mismo análisis mostró que si un padre con buen nivel educacional, pero de menos recursos financieros, se involucra en la crianza, sus hijos alcanzan tan buen rendimiento como los niños que provienen de segmentos de más poder económico.

Potenciando el intelecto

Asimismo, aunque lo deseable son altos niveles de participación, sólo se requiere que los varones pregunten en forma cotidiana a sus niños cómo les fue en el colegio, qué les enseñaron y a qué jugaron con los amigos, para que los hijos mejoren su rendimiento en lenguaje, matemáticas y ciencias. Así lo consignó un trabajo de la U. de Illinois, en Urbana-Champaign (EEUU) en 2003.

Recientemente, se analizó otra variante del estudio, descubriendo que las niñas que reciben esta atención paterna no sólo aumentan su rendimiento, sino que -tras superarse a sí mismas- logran mayores puntajes que los varones.

Menos peligros

En el plano emocional, los niños sufren menos crisis de rebeldía e identidad en la adolescencia cuando se apoyan en la figura paterna, consignó la U. de Oxford (Reino Unido); mientras que Fatherhood Initiative (EEUU) constata que un adolescente que recibe muestras de cariño de su padre y que habla con él, consume menos alcohol, tabaco y drogas.

Generando nuevos desafíos

En el plano cotidiano, los hombres toman rápidas decisiones y hacen planificaciones -de corto o largo plazoque les permitan alcanzar una meta.

Los papás suelen traspasar este modelo a sus hijos en actos tan cotidianos como enseñarles a andar en bicicleta: les ponen metas y, a medida que las cumplen, suben el nivel de exigencia.

En los niños, esto genera la sensación de tener un mentor o guía, el cual les da más espacio que la madre para experimentar y probarse a sí mismos. Son ellos los que, cuando el niño pide subir a lo más alto de un árbol, dicen que bueno y enseñan cómo hacerlo.

En niños y niñas, esta dinámica es la base de un sano sentido de competencia, que permite al adulto plantearse metas, autoexigirse sabiendo que puede rendir más y, al mismo tiempo, reconocer cuándo se llegó al límite, indica el sicólogo estadounidense Stephan Poulter, autor de “The Father Factor”.


ACTUA COMO ESCUDO PROTECTOR CUANDO LA MADRE PRESENTA SINTOMAS DEPRESIVOS

Presencia masculina protege la salud mental de los niños

Aunque los padres participativos son los que más marcan, un análisis de la U. de Michigan en 2004 mostró que su sola presencia protege a los hijos, en comparación con las familias donde la madre está sola. Esta última resuelve desde la economía del hogar, hasta los deberes cotidianos, con la importante carga tensional que ello implica, lo que afecta el clima emocional en el que crece un menor.

Los problemas mentales más comunes -como depresión o crisis de ansiedad afectan más a mujeres y una de las etapas en las que son vulnerables es tras tener un hijo. Pero la presencia de un padre emocionalmente estable protege a los hijos, quienes no alcanzan a sentir el efecto negativo de los problemas de la madre, disminuyendo el riesgo de problemas conductuales o descontrol de las emociones.

Las niñas son más proclives a sufrir desbalances emocionales en la adolescencia, pero se ha visto que cuando el papá estuvo activamente presente en la infancia, presentan mejor salud mental tras la pubertad y vida adulta, y mejores relaciones maritales.


Participando en las tareas domésticas

¿Quiere saber cuánto está ayudando a su hijo con el sólo hecho de lavar los platos, cambiarle los pañales o darle su baño diario?
La U. de California, en Riverside, descubrió que los niños que ven a sus papás realizando tareas de la casa y que, además, ayudan a sus progenitores, se llevan mejor con sus compañeros en el colegio y tienen más amigos.

Además, son más responsables en la escuela, atienden más a las órdenes de los profesores y se muestran más colaboradores en la sala.

Lo curioso, dicen los autores, es que cuando los hijos ayudan al papá en estas tareas, sus conductas positivas y sensación de bienestar son mayores que al hacer lo mismo con la mamá.

La clave es que se gesta en ellos un espíritu de solidaridad y tolerancia que trasciende otros ámbitos de su vida.


La sicóloga Francisca Morales, de Unicef, explica que este proceso comienza desde que el bebé está en el útero e implica también apoyar a la madre
Guía para convertirse en un “papá presente”

1.Prenatal y parto

Al asistir a los controles prenatales y ecografías, pregunte con confianza al médico y pida consejos cuando los requiera. Procure que la madre se alimente bien y descanse.

A partir del tercer trimestre háblele al bebé en el útero, para que después reconozca el timbre de su voz. Tome días de posnatal.

2.Recién nacidos

Al tomar en brazos a su hijo, póngalo en su pecho para que conozca su olor. El calor y sonido de su corazón lo tranquilizarán.

Cuando lo mude háblele, muévale las piernas y brazos. Conversar con el bebé es vital: el timbre de la voz masculina es tranquilizador para los niños pequeños.

Si la mamá se altera con el llanto del niño, ofrézcase para mecerlo y pasearlo.

2. De uno a tres años

Lea todas las noches con su hijo, para que se convierta en un rito. Juegue con el niño a la pelota o cubos, y estimúlelo a caminar. Esto favorece la coordinación y diverte, porque el bebé siente que está jugando con el papá.

Pídale que haga preguntas y responda a las que hace en forma corta y concreta. Ayúdelo a descubrir insectos y animales, y a que aprenda nuevas palabras. Juegue a hacerse cosquillas y ríanse juntos.

Nunca deje de decir “te quiero” y exprese lo importante que es en su vida: llámelo desde el trabajo para escuchar su voz y déle un gran abrazo cuando llega cada día.

Ayúdelo a aprender cosas nuevas y muéstrele que los errores son parte del aprendizaje. Nunca castigue a un niño cuando hace algo por accidente, ni use descalificaciones verbales. Al hablarle, agáchese y mírelo a los ojos. ¡Piense como se sentiría usted si lo reta un gigante tres veces más grande!

2.De cuatro años en adelante

Salga con su hijo y conozca a sus amigos, invítelos a casa y organice actividades con ellos. Mirarlo jugar con otros lo ayudará a conocerlo. Hagan algún deporte juntos.

El padre aporta con visiones claras sobre valores: enséñele qué es correcto y qué no, con cariño, pero con seguridad.

Participe en su vida escolar: tareas, reuniones de padres y actividades extraescolares. Si no puede hacerlo, pregunte para estar al día.

Esté atento a la forma de ser de su hijo y preocúpese si ve cambios de ánimo abruptos. Recuerde que usted es un modelo para su hijo: más que las palabras, aprende de lo que ve de usted, su forma de tratarlo y de tratar a los demás.   Ver noticias anteriores

 

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