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"Muchos de los abusos que viven los niños que laboran son fruto de la falta de respaldo legal. Eso fomenta un tipo de exclusión y el trabajo informal", dice este adolescente que ya lleva un tercio de su vida inserto en el mundo laboral.

Nicolás Lara: El líder de la "CUT infantil"

Domingo 18 de junio de 2006 Andrea Sierra y Katherinne Hernández

Nicolás Lara tiene quince años y ya ha pasado un tercio de su vida trabajando. Pero no se queja.

De metro cincuenta y una cara infantil llena de pecas que lo muestran aún menor, alza la voz para defender el trabajo de menores y lo hace con voz ronca, pausada, seria, que por ratos lo hace parecer mayor.

Nicolás defiende su opción como un derecho de los niños cuando hay problemas económicos en su familia. Por eso, el lunes, cuando se conmemoró el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, él no celebró.

A los diez entró de golpe al mundo laboral. Su padre quedó cesante, el dinero fue más esquivo que nunca y él -el hijo del medio- decidió salir a trabajar a la feria por $2.000 diarios.

"Nadie me obligó. En la casa faltaban cosas y yo quise ayudar", cuenta desde su casa en La Pintana, mientras su madre, desde el otro lado de la sala, lo mira con admiración y asiente, como una esposa que no osa contradecir al jefe de hogar.

Aunque nunca abandonó sus estudios -hoy cursa segundo medio en el liceo Industrial de Electrotecnia en Gran Avenida-, Nicolás tuvo una niñez distinta. Y no sólo por su temprano ingreso al mundo laboral. También, porque ya a los once años decidió integrar el Movimiento Chileno de Niños y Adolescentes Trabajadores (Mochinat' s), que llegó a presidir y del cual hoy es su principal vocero.

La organización chilena tiene entre sus filas a 200 niños insertos en el mundo laboral, cuyas edades van desde los cinco a los diecisiete años y que se emplean en ferias, supermercados y faenas agrícolas, entre otros.

Regulación, no erradicación.

La mayoría percibe salarios míseros y muchos sufren abusos de parte de sus jefes, quienes no les pagan lo acordado, los despiden sin finiquito o los maltratan. Sin embargo, necesitan el dinero.

Por eso, Nicolás cuestiona la promesa de La Moneda de erradicar el trabajo infantil en Chile para el Bicentenario.

"Primero deberían preocuparse de las causas: la desigualdad social y la mala repartición de los ingresos. Muchos niños trabajan porque su papá está cesante o porque gana una miseria", dice enfático.

Pero además, insiste, "el Gobierno debería reconocer el trabajo infantil y apoyar. Muchos de los abusos que viven los niños que laboran son fruto de la falta de respaldo legal. Eso fomenta un tipo de exclusión y el trabajo informal", sostiene.

Nicolás es hoy empaquetador de un supermercado de la cadena Santa Isabel, en el centro de Santiago.

Cada fin de semana trabaja ocho horas diarias, y su "sueldo" -en promedio ocho mil pesos por día- es lo que alcanza a reunir con las propinas que le dan los clientes.

Su papá recobró su trabajo, pero como gana apenas algo más que el sueldo mínimo, Nicolás no dejará de trabajar.

Gracias a su propio dinero se compró el buzo del liceo y las herramientas que necesita para estudiar. En dos años quiere ir a la universidad y por eso hoy lidera otra lucha, pero dentro de su liceo, para que se ponga en marcha un preuniversitario. Su sueño es ser ingeniero electricista o profesor de historia. Y que sus hijos, ojalá, no tengan que salir a trabajar.   Ver noticias anteriores

 

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