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Viaje al origen: La adolescencia de los adoptados

7 de mayo 2006, Revista ;Mujer La Tercera

Transitar por esta etapa no es fácil para nadie, pero menos lo es para un adoptado. La búsqueda de identidad se mezcla con una gran interrogante: ¿de dónde vengo? Por primera vez se realizó un estudio que mide el impacto de la adopción en la adolescencia.

 

El sicólogo Juan Pablo Westphal La Rivera (36), casado y padre de dos niñitas, es el mayor de cuatro hermanos. La particularidad es que todos son adoptados.

"Somos dos mujeres y dos hombres y cada uno ha atravesado la adolescencia de manera distinta. En mi caso, quizás por ser el mayor, la viví con menor intensidad que el resto. Fue una etapa muy normal y típica, no sentí diferencia por el hecho de ser adoptado", dice.

Cuenta que desde pequeño supo su condición adoptiva y sólo al cumplir 18 años empezó a preguntarse cómo sería su madre biológica. Sin embargo, nunca tuvo la inquietud ni el anhelo de buscarla.

"Recuerdo que cuando estudiaba Sicología, las mismas terapeutas no podían entender que yo no quisiera saber mis orígenes y me incitaban a ello. Entré en conflicto con ellas muchas veces por ese motivo. Para mí, mis papás son mis papás. Pensar en otros padres me parecía raro", explica el profesional.

La interrogante respecto a su familia biológica aflora en momentos muy específicos como, por ejemplo, cuando tiene que ir al médico. "La mayoría de las veces te preguntan por antecedentes genéticos de tal o cual enfermedad y uno no tiene ninguno. Por esto estoy obligado a cuidarme y me hago exámenes preventivos. Les digo a los médicos que me pidan todo lo que sea necesario".

Hoy ejerce su profesión en el Liceo Alemán, en la Clínica Santa María, además de su consulta privada. Reconoce que en muchas ocasiones han recurrido a él padres y sus hijos adoptivos en busca de ayuda y orientación sicológica, especialmente cuando llega la adolescencia.

"Siempre pongo énfasis en la aceptación. Por un lado están los padres que eligen al hijo, y por otro, el hijo también decide elegir a sus papás. Yo elegí a mis papás y esa aceptación me ha dado mucha paz", agrega.

A diferencia de lo que ocurría tres décadas atrás, el sicólogo percibe que la realidad de la adopción ha aumentado considerablemente. "Si utilizo sólo el colegio como referencia, hay uno o dos alumnos adoptados por generación. Lo que pasa es que las estadísticas no son muy confiables, porque hay gente que no lo dice. Todavía hay personas que no les cuentan a sus hijos que son adoptados o se los dicen al momento que llegan a la adolescencia, y es ahí cuando queda la escoba".

Asegura que nunca ha visto un caso en que esta situación sea buena, natural y sana para un adolescente. "Contarlo en ese momento de la vida, independiente del cariño que exista, es gravísimo, porque se trata de una etapa de búsqueda de identidad. Se genera un conflicto y la principal interrogante pasa a ser ¿dónde está mi origen?", añade.

Son precisamente esos los casos que llegan a su consulta. Muy raras veces ha debido atender a aquellos que lo han sabido desde la niñez. "Hace poco vino a verme una familia con un hijo de 10 años que de repente tuvo la inquietud por saber más de su madre biológica y empezó a preguntar con insistencia. Entonces sus papás llegaron con una angustia espantosa, porque creían que iban a perder al niño", dice el profesional.

-¿Qué les aconseja a los padres que no le han dicho la verdad al adolescente?
-Lo primero que les digo es que si vamos a trabajar juntos es para llegar al final de la meta, que es contar la verdad al hijo. Es el único camino, por muy doloroso que sea, para que él pueda cimentar su identidad. Insisto mucho en ese aspecto. Lo segundo apunta a ayudar a bajar la ansiedad y la angustia de los papás, cuyo principal temor es que el hijo los rechace, reniegue de ellos como padres, perder su cariño o que los culpe por haber mantenido oculta su realidad.






 

 

Cifras de adopcion 2005

\ Del total de 553 niños que fueron adoptados en Chile el año pasado, 372 tenían entre 0 y dos años de edad. De estos, 360 lo

fueron por parejas chilenas y 12 por extranjeras.
\ De 59 menores adoptados en 2005 que tenían entre dos y cuatro años de edad, 41 lo fueron por parejas chilenas y 18 por

extranjeras.
\ De 84 niños adoptados en 2005 que tenían entre cinco y ocho años de edad, 28 lo fueron por parejas chilenas y 56 por

extranjeras.
\ De 38 niños adoptados en 2005 que tenían nueve años y más, 18 lo fueron por parejas chilenas y 20 por extranjeras.

 

\ Secreto a voces...

 

 

El sicólogo del Liceo Alemán, Juan Pablo Westphal, ha incorporado el tema de la adopción en el Programa de Afectividad que desarrolla entre segundo básico y tercero medio.
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La reacción del hijo adoptivo ante la verdad es, por lo general, de alivio. El sicólogo Juan Pablo Westphal explica que ello ocurre, porque se trata de un "secreto a voces"; algo que él siempre ha intuido en los silencios incómodos de familiares, en conversaciones tensas, en innumerables situaciones. "Los niños tienen un tercer ojo, entonces la primera reacción que surge es un sentimiento como de relajo, que equivale a decir 'por fin dilucidé el misterio'. Después viene el bajoneo, las preguntas respecto a quiénes serían sus padres biológicos, por qué lo entregaron y por qué sus papás adoptivos no se lo dijeron antes. Se trata de un sufrimiento honesto, no de una mentira sobre otra mentira", aclara.

El profesional reconoce que para los padres nunca es fácil hablar del tema. "Lo sé, porque a mis papás les pasó lo mismo, incluso hoy no es llegar y hablarlo como si nada, siento su inquietud, su frustración porque no pudieron ser papás naturalmente. Igual se sienten papás de nosotros y, de alguna forma, nosotros cuatro los hemos validado como papás. Es un tema que emociona", señala.
En sus terapias con adolescentes apunta principalmente a que ellos se concilien con su historia. "Más que hurguetear sobre los orígenes, como sicólogo apuesto a que estos chicos se concilien y acepten que su origen parte desde el momento en que fueron adoptados. La meta es que tanto ellos como sus padres se potencien como familia, porque a la larga eso es lo que tienen, la historia es pasado y tampoco condiciona en un 100% al individuo. Mi experiencia es que los papás adoptivos tienden a ser más entregados, quieren el doble y así meten la pata el doble también. Hay que enseñarles a ser papás, a que entiendan que el hijo no es de porcelana, a enfrentar con naturalidad y no con temor la crianza, a que no sean sobreprotectores", recomienda Juan Pablo Westphal.

Una característica frecuente en las familias con hijos adoptados es el exceso de regaloneo. Así lo confirma Juan Pinochet Acosta, chileno residente en Tucson, Estados Unidos, casado con una estadounidense y padre adoptivo de Tomás Lautaro, de 17 años, quien cursa tercero medio en esa ciudad.

El matrimonio vivió primero 10 años en Chile, donde adoptaron al niño de ascendencia mapuche. "Llegó a nuestra casa cuando tenía tres semanas de nacido, chiquitito. Su mamá biológica lo tuvo a los 14 años. El siempre ha sabido que es adoptado, pero no se lo dijimos en un momento preciso sino que fue un proceso paulatino, con frases del tipo 'cuando tú llegaste a la casa', cosas así. A medida que fue creciendo le decíamos 'cuando nosotros te adoptamos', no es algo que se dice de un día para otro, sino de manera natural", cuenta Juan.

Es un convencido de que la paternidad tiene que ver con afectos más que con lazos de sangre. También reconoce que Tomás es demasiado regalón. "Quizás por el hecho de ser nuestro único hijo, pero aún así su adolescencia ha sido bastante normal. Creo que para él habría sido más difícil atravesar por esa etapa estando en Chile, porque allá el tema del racismo es fuerte, vergonzoso, en cambio acá él se ha criado orgulloso de su etnia, de su origen", agrega.

-¿Les ha planteado la inquietud de conocer a su madre biológica?
-No, nunca, pero yo no tendría inconveniente en apoyarlo. Lo ayudaría a buscarla si realmente quisiera verla o saber de ella.
Desde que existe en Chile el Programa de Búsqueda de Orígenes del SENAME (Servicio Nacional de Menores), las solicitudes de personas adoptadas que quieren saber de sus padres biológicos han ido aumentando progresivamente: en 2003 partió con nueve; el 2004 subieron a 19; el 2005, a 25, y en lo que va corrido de 2006 ya van 10 solicitudes.

María Fernanda Galleguillos, coordinadora del programa, explica que en la medida en que esta labor se vaya conociendo y consolidando, la demanda no hará otra cosa más que crecer.

"Han llegado papás de jóvenes adoptados de 15, 16, 17 años, dos o tres casos, solicitando nuestra ayuda, pero nosotros preferimos que esperen a tener la mayoría de edad. No recomendamos iniciar este proceso antes de los 18 años, porque están en plena crisis de identidad. Sin embargo, creo que es en esa etapa donde el anhelo por saber su origen toma fuerza", señala.

La edad promedio de quienes recurren al programa es de 25 años, en su mayoría mujeres. "Ellas se deciden cuando ya están casadas o van a ser madres por primera vez. Aunque igual han venido personas de 50 y 60 años de edad. Es un tema que no se cierra fácilmente, necesitan saber de dónde vienen. Algunas piden que sus padres adoptivos no se enteren, porque temen herirlos con la búsqueda de su familia biológica. Yo siento que los papás chilenos lo toman a veces como un fracaso, les cuesta entender esa necesidad", agrega.

La coordinadora de la Unidad de Adopción del SENAME, Carmen Martínez, afirma que hay papás que al momento de adoptar no quieren ningún antecedente del origen del niño y, a su juicio, la actitud debe ser al revés. "Es una responsabilidad compartida: nosotros tenemos la obligación de darles el máximo de información y ellos, de registrarla. Así cuando sus hijos crezcan y les pregunten, sean ellos los que revelen esos datos. Ahora, no basta con revelar, también hay que acompañarlos si es que finalmente el joven opta por la búsqueda", dice.

Cuenta además, que el SENAME encargó a la Fundación Chilena de la Adopción un completo estudio sobre el impacto de la adopción en la adolescencia de los niños que fueron adoptados a temprana edad. Si bien los resultados -entregados en enero de 2006- están siendo todavía analizados, en líneas generales adelanta que fueron muy positivos en cuanto a la fortaleza del
vínculo que se crea entre padres e hijos.

"Hay una mayor sensibilidad en aquellos niños que fueron incluidos en familias que ya tenían hijos biológicos. A veces se sintieron discriminados por ser adoptivos o simplemente por el hecho de que físicamente no se parecían a sus hermanos. Eso no ocurrió en familias donde sólo hay hijos adoptados", señala.

Por su parte, Delia Moreno, directora de la Fundación Chilena de la Adopción, expresa que el estudio abarcó a familias que adoptaron hace 15 años a través de esa entidad: "La mayoría de los adolescentes no ha manifestado interés en buscar a sus padres biológicos. A mi juicio, lo más importante de esto es que Chile tiene que dar un salto cultural importante. Se avanzó mucho con la Ley 19.620 de 1999. Pero falta, especialmente en el plano educativo, para evitar la discriminación".

Las iniciativas que existen al respecto son muy pocas. El sicólogo Juan Pablo Westphal, por ejemplo, está a cargo en el Liceo Alemán del Programa de Afectividad, desde primero básico a segundo medio. "Decidí tocar derechamente la adopción para que se hable abiertamente del tema. Ha sido una experiencia muy bonita, porque los alumnos adoptados lo cuentan con naturalidad. Se vuelve a tocar en quinto y sexto básico, antes de la pubertad. Es evidente que me importa transparentarlo, porque soy adoptado y lo he vivido de cerca". \\

 

Lo que todo padre adoptivo debe esperar

La sicóloga María Cristina Yazigi ratifica que en la adolescencia aparece la inquietud por saber de dónde venimos. "Por mucho amor que te hayan entregado tus padres adoptivos, todos necesitamos saber nuestros orígenes. Estos papás pueden esperar todo lo que manifiestan los adolescentes en general, que es un grado de desadaptación, de introversión, de bloquear y poner distancia con sus progenitores. Pueden esperar que el hijo adolescente dé una importancia excesiva al grupo y haga un enjuiciamiento fuerte a sus padres, un poco más agudo en estos casos. Pero lo que importa es cuánta seguridad tienen los padres del amor que le han entregado a ese hijo para que no tambaleen. Si el joven quiere saber de su madre biológica, hay que acompañarlo amorosamente en su búsqueda".

-¿Qué pasa si después de adoptar se tiene un hijo biológico?
-Es algo bastante frecuente, porque a la madre le baja el nivel de ansiedad, se arregla el sistema hormonal y entra en un período de fertilidad. A veces, no siempre, se produce un distanciamiento entre la madre y el hijo adoptado, a quien ve como de otra 'camada'. Eso no se puede disimular y en esos casos hay que tomar cartas en el asunto y buscar ayuda para recomponer el vínculo. Si esta situación se mantiene, se le inflige a ese niño una segunda herida. La primera es la del abandono de su madre biológica.


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