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La depresión como patología GES

 
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fbobadil
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Registrado: 02 May 2006
Mensajes: 23
Ubicación: Santiago

MensajePublicado: Lun Feb 01, 2010 3:00 am    Título del mensaje: La depresión como patología GES Responder citando

Los cuadros depresivos representan un problema de salud pública, debido a su alta frecuencia, importante discapacidad asociada y deterioro en la vida de quienes la padecen y sus familiares. En adolescentes se estima una prevalencia de 4 a 8% y 2% en niños, cifras que aumentan al describirse la presencia de síntomas depresivos en adolescentes del área sur de Santiago, encontrándose 13.9% en hombres y 16.9% en mujeres. En nuestro país, esta patología ocupa el 10° lugar entre las principales causas de discapacidad de la población y el 3° lugar general (1° lugar entre las mujeres) al considerar solamente los años de vida perdidos por discapacidad.



Según explica la doctora Alessandra Lubiano Aste, psiquiatra infanto-juvenil del Hospital San Borja Arriarán y socia de SOPNIA, la incorporación de la depresión como patología GES ha permitido ofrecer una atención oportuna a los pacientes mayores de 15 años, favoreciendo la realización de un diagnóstico precoz, tratamiento en atención primaria y de ser necesario una expedita derivación a especialista, descartando otras causas diagnósticas, cuadros comórbidos y potenciando el manejo de éste. El correcto manejo permite que de manera ordenada y contenida el paciente y su familia puedan retomar sus actividades sociales, escolares, laborales, etc., favoreciendo en el adolescente un adecuado desarrollo evolutivo.
El diagnóstico de estados depresivos presenta características particulares según la etapa de desarrollo evolutivo en que el paciente se encuentre, que lo diferencia del cuadro adulto, y según el cuadro de base que lo origine (depresión mono o bipolar, psicótica, atípica, refractaria, estacional, resistente a tratamiento, distimia, etc). En la guía clínica se enfatizan algunos síntomas propios de la adolescencia, siendo importante indagar por irritabilidad, problemas conductuales, deterioro del funcionamiento en diferentes áreas y por la presencia de síntomas psicóticos, ideación e intento suicida que se hacen más prevalentes a esta edad. Esto ofrece un desafío mayor al tratante, pues muchos de estos síntomas son compartidos por otras patologías, que adquieren mayor relevancia durante la adolescencia y cuyo incorrecto diagnóstico y manejo, pueden llevar a una evolución tórpida y crónica con importantes consecuencias para el paciente. Es por esto que la posibilidad de facilitar el acceso a atención por especialista infanto-juvenil es de especial importancia en estos cuadros, lo que se ve dificultado por la falta de estos profesionales, especialmente a nivel público y en regiones.
En cuanto al tratamiento, tres dimensiones deben ser abarcadas: psicoeducación (al paciente, familia y colegio), psicoterapia y farmacoterapia. La guía propone pautas para intervenciones psicosociales, grupos de autoayuda, psicoterapia, manejo farmacológico y de ser necesario terapia electroconvulsiva. Las medidas no farmacológicas juegan un rol radical en el manejo y evolución de estos cuadros. Para ello, es indispensable contar con profesionales adecuadamente calificados para realizar, por ejemplo, el manejo psicoterapéutico propuesto por la misma guía como efectivo (especialmente terapia cognitivo-conductual, interpersonal, individual o grupal), durante el tiempo que sea necesario. Estas medidas no siempre son posibles a nivel público, por el corto tiempo de atención, la escasez de profesionales calificados disponibles, la baja o nula disponibilidad de psicoterapia en algunos centros y la alta demanda asistencial en salud mental.
Es importante recordar especialmente con respecto a las medidas psicofarmacológicas y terapia electroconvulsiva, que éstas son guías de manejo que permiten apoyar el trabajo del profesional, y que, por lo tanto, dejan al criterio del médico especialista el uso adecuado de éstos según las características clínicas del paciente en forma individual, sin tener que pasar por todos los pasos establecidos en forma inflexible, lo que despersonaliza la medicina y deja de lado el conocimiento clínico.
El tratamiento debe considerar no sólo la parte aguda del manejo del cuadro, sino además la etapa de continuación y mantención, evitando la persistencia de síntomas residuales que interfieren en la vida del paciente, y disminuyendo la posibilidad de recaídas o recurrencias en el tiempo. Así, muchas veces el manejo requiere un seguimiento mayor al tiempo estipulado de 6- 12 meses.
En suma, el ingreso de esta patología al sistema de garantías explícitas de salud ha traído muchos beneficios para nuestra población, quedando algunos desafíos para el futuro, como son la necesidad de ampliar la cobertura a pacientes menores de 15 años y a otros trastornos anímicos como los cuadros bipolares en fase no depresiva; aumentar los profesionales capacitados, especialmente en el área pública, y fortalecer la comunicación entre los distintos actores y establecimientos de la red de salud, para permitir un trabajo coordinado en equipo y la reinserción real del paciente a su vida cotidiana.
Por su parte, la doctora Patricia González, también psiquiatra infanto-juvenil, coincide con la doctora Lubiano en cuanto a los beneficios que ha significado para los pacientes la incorporación de los trastornos depresivos en el GES. Sin embargo, se plantea algunas interrogantes respecto al protocolo de manejo, como por ejemplo: ¿Será un beneficio o un problema agrupar en una misma categoría las depresiones leves y moderada, como se hace actualmente? Frente a ello, argumenta que en el caso de las depresiones leves a moderadas el diagnóstico lo hace un profesional de salud capacitado para ello, pero no un especialista en salud mental; así, sólo las depresiones severas se derivan a un psiquiatra. Lo anterior, añade, puede significar un riesgo desde el punto de vista clínico, puesto que muchas de las depresiones moderadas se comportan como severas en términos de evolución y respuesta al tratamiento.
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